Sombras de Galette, Marzo de 1911.
El Moulin de la Galette era un hervidero de risas forzadas y música que intentaba ahogar el cansancio de la jornada. Jean estaba sentado en un rincón, lejos de la pista de baile donde Alain reía ruidosamente con una copa en la mano. El calor humano y el humo de las pipas se le antojaban insoportables; él, un hombre acostumbrado a la amplitud de la campiña, sentía que las paredes del cabaret se cerraban sobre él como una prensa hidráulica. Sacó la carta que había recibido hacía apenas unas horas. El retraso del cartero le había causado una bilis amarga, una sensación de desorden que solo se calmaba al leer las palabras de Éloïse. Se imaginó el frasco de Le Rose de Houbigant en el tocador de porcelana de ella, un lujo que contrastaba con el olor a sudor y absenta del lugar. Con la espalda apoyada en la madera rugosa, comenzó a escribir, ignorando el bullicio: Mouline de la Galette, 6 de marzo de 1911 He recibido tu carta del mes pasado. Me alegro que hayas comprado esa colonia (Le R...